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Estamos acostumbrados, los profanos, a ver la arqueología como una ciencia deductiva de la historia antigua a partir de yacimientos, con registros líticos y con hallazgos de distintos objetos perennes que al mismo tiempo se pueden asociar, como son los metales o las cerámicas. La Bolsa Josep Maria Portús ha financiado estudios de metalurgia y de cerámica interesantes para poder demostrar que tanto los íberos como los medievales, conocían técnicas avanzadas de manipulación y transformación de metales y cerámicas hasta el punto que importaban materias primeras para lograr objetivos no sólo funcionales sino, en muchos casos, estéticos.
Pero hace 2.500 años los íberos y 1.000 años los medievales utilizaban maderas estructurales, maderas funcionales y maderas estéticas, como hacemos nosotros mismos hoy en día. Estos materiales son fungibles y con los años se destruyen y a veces sólo quedan vestigios, sobretodo si se han quemado.
El roble, la encina, el boj, el cedro o el abeto. ¿Todas eran maderas autóctonas?
¡Usaban maderas de importación? ¿Había, por ejemplo, un comercio de maderas extrañas que eran de un calidad especialmente adecuada para la producción de escudos o lanzas porque eran más ligeras o más resistentes?
¿Había modas que hacían que quien disponía de un arma hecha con cedro del Líbano fuera más bien visto? ¿Era mejor combatiente, o era más rico..?
¿Cómo eran nuestros bosques? ¿Qué se recogia y que se cosechaba? ¿La selección era técnica o natural? ¿Se modificaban genéticamente los cereales? ¿Cómo han evolucionado las técnicas agrícolas y forestales de mil años en mil años desde los íberos hasta ahora?
El Dr. David Serrat, ex rector de la Universidad de Vic, geólogo y miembro del tribunal que otorga esta bolsa de estudios, nos decía, no hace mucho, que a lo largo de la historia ha habido siglos muy cálidos y mini glaciaciones, en ciclos de unos cuatrocientos años y que esto se puede comprobar hasta en los registros eclesiales, en procesiones, novenas y en otras liturgias, para pedir lluvia, calor o frío. De hecho, debajo de los glaciares suizos, retocediendo por el cambio climático, aparecen vias romanas. Aníbal hoy, aún no pasaria con los elefantes.
Puede ser que los paisajes, las maderas, la explotación agrícola y forestal, no tenga nada que ver de milenio en milenio.
Puede ser que hoy, la sangre de los catalanes de Osona, tenga poco en común con la sangre de los íberos de la Esquerda y hasta con la de las personas que la ocuparon en la Edad Media, pero esto no quiere decir que la Esquerda no haya sido clave en la conformación del carácter de los habitantes de Osona hoy. En nuestro país decimos que “cada tierra hace su guerra”.
Analizando el genoma se ha demostrado que a lo largo de los años hemos pasado por embudos genéticos muy delgados, es decir: la raza humana ha estado en el umbral de la extinción varias veces y de aquí viene que genéticamente los humanos somos bien iguales. Las plantas, los animales, la vida en sí, es quien ha hecho posible que el medio sea como es. El medio ha devenido en genética y al mismo tiempo la genética ha devenido en medio. Todo es un único con todo.
Esperamos que la Dra. Cubero, con sus trabajos, nos acerque a la realidad de unas épocas. Esperamos que sus búsquedas arqueológicas, antropológicas en definitiva, nos acerquen un poco más al conocimiento de nosotros mismos. Porque entender la vida de nuestros antepasados en la Esquerda de Roda de Ter, probablemente en la Ausa romana, nos tiene que acercar a entender quiénes somos y cómo somos y sobretodo reconocer que esta vieja tierra, rodeada por el río Ter, ha sido capaz de acuñar unos pueblos nuevos, mezclas del sud y del norte, de razas y lenguas, pero que al fin, todos somos fruto de esta tierra. Carpológicamente igual que otros frutos de esta tierra como pueden serlo las moras, las nueces,los higos y las uvas.
Muchas gracias a todos.